Consciente de no haber crecido en una familia normal, me pregunto si aún habiendo hecho todo lo contrario de lo que he visto y vivido en mi núcleo familiar, puedo denominarme como una persona que esté en su sano juicio.
Desde muy pequeña me he avergonzado de mi familia. Principalmente de mi madre por no tener un comportamiento típico o “normal” pues ya de bien pequeña observé que el comportamiento de mi madre era muy distinto a las madres de mis amigas y por la tanto lo taché de “no normal” sientiendo vergüenza ajena y humillación propia.
El por qué de que mi madre sea diferente a las demás ha sido siempre una especie de tabú, del que nunca se ha mencionado palabra. La situación se ha aceptado tal y como es, sin cuestionarse nada, convirtiendo así lo anormal de la misma en normal.
Otro miembro de la familia a nombrar es mi abuela paterna, que entró en un estado de locura con la retirada de su período. Lo que al principio no parecían ser más que manías, se fue agravando a medida que pasaban los años, diaganosticado más tarde por malos médicos como demencia senil. El motivo por el que nunca recibió un tratamiento está muy claro; en esa época se iba al médico por una fuerte gripe, por una dolencia que impedía realizar el trabajo diario… pero nadie daba importancia a las cosas de la mente.
Yo conocí a mi abuela siempre loca, pero más que loca, la recuerdo como una persona demasiado inteligente para su época.
Otro caso es mi tía materna, que entró en una crisis nervioso-depresiva con la muerte de su marido, la cual no ha sido tratada debidamente. La gente que le rodea, aldeanos gallegos fieles a creencias fantásticas en “meigas e demos”, no hacen más que agravar su estado psicológico, ignorantes de cómo tratarla y de qué es lo mejor en su caso.
Supongo que cada familia cuenta con historias similares o comparables de alguna manera, pues en cada casa se cuecen habas y lo “normal” cada vez es un concepto más abstracto. Hoy en día, todavía sigue habiendo demasiado miedo a reconocer estos casos, hacerlos públicos y tratarlos con ayuda profesional, pues como no está bien visto ir al “loquero”, se prefiere ignorar el problema y hacer de ello un tabú.
