Krieg
Los Elasaj me acogieron con los brazos abiertos y me sentí como si en un tiempo lejano, el cual no recuerdo, tal vez en otra vida, hubiera formado parte de ese pueblo.
Los brazos de H. me rodearon con el mismo calor de hace 4 años. Su cuerpo, aunque algo más menguado por el duro trabajo, seguía resultando imponente ante mis ojos.
Entre licores volátiles llamamos a los espiritus del pasado, desenterramos los recuerdos y dejamos descansar las armas para sellar con un beso nuestro pacto: Carpe diem quam minimum credula postero.

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