Leer, un placer como el comer
[…] El día que no estuvimos juntos ya no habremos estado juntos, o lo que se nos iba a decir por teléfono cuando nos llamaron y no respondimos no será nunca dicho, no lo mismo ni con el mismo espíritu; y todo será levemente distinto o del todo distinto por nuestra falta de atrevimiento que nos disuadió de hablaros. Pero incluso si aquel día estuvimos juntos, o estábamos en casa cuando nos telefonearon, o nos atrevimos a hablaros venciendo el temor y olvidando el riesgo, aun así nada de ello se volverá a repetir, y por consiguiente llegará un momento en el que haber estado juntos será como no haberlo estado, y haber descolgado el teléfono como no haberlo hecho, y habernos atrevido a hablaros como haber callado. […]
Javier Marías – Corazón tan blanco
A pesar de las críticas y alabanzas que ha recibido su estilo literario; pesado y lento para algunos y exquisito para otros, no he podido evitar poner mis expectativas al más alto nivel al empezar a leer el libro que más arriba cito.
Para mi gusto, y con todo el gusto, doy mi enhorabuena a Marías por atreverse con este atípico estilo literario, posibilidad que pocos tienen debido a la dificultad del mismo. Me regocijo en sus frases largas, interminables, densas, a veces laberínticas. No sólo las leo sino que las re-re-leo, me detengo y las contemplo y me maravillo no precisamente por su contenido escondido, sino por la ordenada y a la vez caótica manera de expresar lo que, con certeza, muchas veces nuestro cerebro ha pensado y nuestra lengua no ha podido decir o nuestras manos escribir.
Exquisito…un banquete para mis ojos…

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