El olvido
Hay momentos en la vida que nunca se olvidan, por más que se intenten esconder o ignorar, esas vivencias permanecen aparcadas en el baúl de nuestros recuerdos y el día menos esperado, algo o alguien nos hace abrir ese baúl y desempolvar lo que creíamos olvidado.
El día que Vincent cesó sus insistentes y desesperadas llamadas, dejé de pensar en él y así su recuerdo fue llenándose de polvo. Su incesable presencia, sus historias sobre épocas pasadas y la música que me acompañó durante un año de mi vida, de repente, se borraron y ni siquiera eché de menos una sola de sus muchas palabras, ni pude recordar con claridad la melodía de su guitarra que tantas veces había escuchado. De repente y a partir de ese día todo se borró, o lo borré para llenarme de libertad, de aire fresco y de nuevas ilusiones.
Casualmente, ese mismo día S. apareció en mi vida, él llenó mi móvil con sus mensajes y yo los huecos con ilusiones, con esperanzas y con sonrisas de adolescente. Esperé sin esperar y mientras tanto soñaba como lo hacen los niños, con el alma blanca y el corazón lleno de ilusiones. Un día, como sucede en los cuentos, el sueño se hizo realidad.
El recuerdo de Vincent queda ya tan lejos… como si le hubiera cubierto un desierto de arena. De vez en cuando, y posiblemente más a menudo de lo que me parece, pienso en él y me pregunto cómo será su vida sin mí, deseando que sea tan buena como lo es la mía sin él.
Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
Pablo Neruda

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