El sentido de la responsabilidad

De pequeña, mi madre siempre evitó darme cualquier tipo de responsabilidades como mandarme a comprar el pan, o huevos al colmado de al lado… dejarme ir sola al colegio o incluso darme las llaves de casa (aunque mi madre estuviera siempre cuando volviera). Ella daba por hecho que sería incapaz de efectuar con éxito cualquiera de estos actos;  que con el dinero en vez de pan o huevos, compraría chucherías, que de camino al colegio me entretendría y nunca llegaría o que perdería las llaves…

Una vez una vecina, amiga de mi madre, me pidió que esperara a su hija a la salida del cole y que volviéramos juntas para casa. Yo en ese entonces ya iba sola al colegio y la hija de la vecina al tener menos edad que yo, todavía no lo hacía. Mi madre insistió y me recordó más que suficientes veces la tarea que debía de hacer a la salida.

Una vez finalizadas las clases al medio día, mi mente sólo podía pensar en una cosa: en jugar; hacía pocos días que me habían comprado una tortuga de agua y durante todo el camino a casa, mi única ansia era llegar cuanto antes para poder jugar con mi nueva y única mascota.

En la puerta de casa estaba mi madre con la vecina esperando; mi madre esperándome a mí y a que hubiera cumplido con mi deber, la vecina esperando a su hija.

Para la decepción de ambas, aparecí sola, con la cabeza en las nubes y sin haber llevado a cabo el acto que me habían encomendado.

La vecina tuvo que ir corriendo al colegio a recoger a su hija, que posiblemente estaría al cuidado de la profesora. Ni la vecina ni mi madre me perdonaron mi acto de irresponsabilidad. Incluso yo, hoy en día, tampoco me lo perdono y me pregunto si todo esto me ha servido para aprender de ello o para generarme un trauma.

~ por Marai en Junio 20, 2009.

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