Mejor… imposible
Por las noches me siento en el balcón, el aire fresco de la noche sopla haciendo bailar las ramas de los árboles y peinando cada hoja. El viento habla y trae un olor a humedo, a limpio, a noche, a bosque y a libertad… huele a Galicia! Los recuerdos me estremecen y erizan mi piel, la felicidad es tal que casi suelta mis lagrimas.
Contemplo el piso, caminando como un fantasma, de puntillas para que mis pasos no disturben la tranquilidad del momento, sin creerme que sea el mío, que ese sea mi refugio, mi casa, mi hogar. Observo cada detalle y me maravillo de la belleza que tienen las cosas cuando uno mismo las construye.
Cuando la noche me despierta y S. duerme tranquilo a mi lado, le observo y toco con la punta de mis dedos su cara y su pelo, muy suavemente para no despertarle. Siendo el corazón grande y lleno de felicidad, de pureza e inocencia, como si nunca hubiera sido herido. Si es cierto que tengo miedo de que algún día todo se desvanezca, sé, como supe la primera vez que le vi, que juntos íbamos a compartir muchos momentos llenos de lo mejor de este mundo, la vida y el amor por todo que ella nos ofrece.

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