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El Volver

abril 2, 2010

Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

Esta canción, que parte el corazón a cualquiera que haya emigrado, me encogió el alma cuando la escuché en la película de Almodóvar.

Me pregunto, si tan grande es el mundo, por qué tiene el viajero ansias de volver a donde empezó el viaje? La vida la van formando las experiencias y los recuerdos que mientras andamos, dejamos atrás. Sin ser conscientes de ello, curiosos por el futuro y siempre atraídos por los lugares desconocidos, aún así, decidimos volver. Volver para recordar, volver para darnos cuenta que por más que cambiemos, siempre seremos los mismos, que la vida es un círculo y que a veces es necesario recorrer otras tierras y cruzar desiertos y mares, para aprender en algún punto del viaje, que lo que hemos buscado durante el mismo, lo teníamos delante de nuestros ojos antes de partir.

Yo no creo que vuelva a Rubí, donde he nacido y pasado los primeros 21 años de mi vida, pues exceptuando la alegría de reencontrarme con mis padres, no hay otra fuerza que haga sentir “el volver”.

Curiosamente, otros lugares, donde he pasado considerablemente menos tiempo, como es Galicia o Austria, el deseo de volver es tan fuerte que consciente o inconscientemente, más tarde o más temprano, vuelvo.

Posiblemente, todo aquél que lea esto, no le sea extraño este sentimiento, ya que las experiencias vividas en el añorado lugar, junto con la lejanía del mismo y la imposibilidad de prologar el momento, lo hacen idílico.  

Hace dos semanas estuve de nuevo en Viena. A pesar de la atracción que esa ciudad ejerce sobre mí, tenía miedo de los recuerdos, ya que todo lo que sé y conozco de esa ciudad, ha sido de la mano de Stefan.

Volví y fue como un regreso en el pasado. Todo lo conocido estaba impregnado de recuerdos de mí y de Stefan, del amor irracional que vivíamos, de lo maravilloso y de lo terrible. Para mi, Viena siempre será Stefan y a él le he de agradecer, el estar ahora en Berlín, el haber conocido a la persona que llena mis días de felicidad y sobretodo, por darme el sentimiento de volver.

Quiero aprovechar este post para agradecer a Martina los momentos juntas y las conversaciones que se quedaron cortas. Gracias, Martina, por hacer este sentimiento aún más grande.

2 comentarios dejar un →
  1. abril 2, 2010 9:10 pm

    Mari, una vez más me dejas encantada con tu forma de expresar las cosas, con tu manera de escribir, y en este caso mucho más con el contenido de tu texto! Me ha dado una gran alegría lo que me pones!Lo de las conversaciones es verdad, los días pasaron demasiado rápidos y el tiempo que tuvimos para pasar juntas me supo a poco. Eso sí, y aunque ya lo sabes, lo repito, que me alegré muchísimo de volver a verte, de verte feliz, y de darme cuenta que el paso de los anios no ha debilitado nuestra amistad! Un abrazo y hasta pronto!

  2. Sébastien Enlace permanente
    abril 21, 2010 10:03 pm

    bonito texto maria …

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