Ignorancia como cura a la insoportable realidad
Igual que me falta el amor por la patria, me falta también la unión del nucleo familiar. No es corriente de una hija única irse lejos de casa y dejar envejecer a sus padres sin ser, ni querer ser consciente de lo que ello supone.
Con escasa frecuencia visito a mi familia y no lo hago por gusto propio, pues estas visitas me sobran y me falta la paciencia para soportar los días junto a mi madre.
De la curiosa y de alguna manera divertida manera de actuar de mi madre, he recolectado suficientes anécdotas para reirse y divertir a un gran público. Esto no es más que una manera de hacer más liviana la complicada situación, pues ante esta penosa realidad, pocas opciones me quedan; o callar y llorar o hablar y reirme.
A día de hoy es mejor callar y llorar, pues bien cretino es reírse de la enfermedad mental de un ser carcano y triste es tener que vivirlo, bien sea de cerca o de lejos. Pero aún más triste, es no encontrar solución a una realidad que cada vez se agrava más, ni siquiera ayuda de los seres cercanos para poner una solución a lo que nadie más que yo quiere solucionar.
Así pues, me he dispuesto a ignorar la realidad, poniéndome la máscara de la sonrisa para levantarme cada mañana con la conciencia limpia y los ojos secos.