[…] El día que no estuvimos juntos ya no habremos estado juntos, o lo que se nos iba a decir por teléfono cuando nos llamaron y no respondimos no será nunca dicho, no lo mismo ni con el mismo espíritu; y todo será levemente distinto o del todo distinto por nuestra falta de atrevimiento que nos disuadió de hablaros. Pero incluso si aquel día estuvimos juntos, o estábamos en casa cuando nos telefonearon, o nos atrevimos a hablaros venciendo el temor y olvidando el riesgo, aun así nada de ello se volverá a repetir, y por consiguiente llegará un momento en el que haber estado juntos será como no haberlo estado, y haber descolgado el teléfono como no haberlo hecho, y habernos atrevido a hablaros como haber callado. […]
Javier Marías – Corazón tan blanco
A pesar de las críticas y alabanzas que ha recibido su estilo literario; pesado y lento para algunos y exquisito para otros, no he podido evitar poner mis expectativas al más alto nivel al empezar a leer el libro que más arriba cito.
Para mi gusto, y con todo el gusto, doy mi enhorabuena a Marías por atreverse con este atípico estilo literario, posibilidad que pocos tienen debido a la dificultad del mismo. Me regocijo en sus frases largas, interminables, densas, a veces laberínticas. No sólo las leo sino que las re-re-leo, me detengo y las contemplo y me maravillo no precisamente por su contenido escondido, sino por la ordenada y a la vez caótica manera de expresar lo que, con certeza, muchas veces nuestro cerebro ha pensado y nuestra lengua no ha podido decir o nuestras manos escribir.
Cuántas cosas he vivido en esta época y cuánto he aprendido, la mayoría de veces a golpes, pero cada una de las cicatrices cuenta una historia, la historia de los 30 años de mi vida.
Cuánto me queda por vivir, por crear y destruir. Estos 30 años no son más que el inicio de la historia más bonita y apasionante, la que ni libro, ni película alguna pueda superar, porque es la mía propia y yo como protagonista la vivo en primera persona.
Por todos estos años, quiero dar las gracias a mis padres que nunca leerán estas líneas (por falta de medios y conocimientos tecnológicos) y a todas aquellas personas que se han cruzado en mi vida, las que se han ido y las que siguen acompañándome. Todos ellos forman parte de lo que soy.
Gracias a todos por estar ahí, por compartir y por querer.
Los Elasaj me acogieron con los brazos abiertos y me sentí como si en un tiempo lejano, el cual no recuerdo, tal vez en otra vida, hubiera formado parte de ese pueblo.
Los brazos de H. me rodearon con el mismo calor de hace 4 años. Su cuerpo, aunque algo más menguado por el duro trabajo, seguía resultando imponente ante mis ojos.
Entre licores volátiles llamamos a los espiritus del pasado, desenterramos los recuerdos y dejamos descansar las armas para sellar con un beso nuestro pacto: Carpe diem quam minimum credula postero.
Lo que estos meses he estado evitando, midiendo mis movimientos y manteniéndome en silencio cuando palabras eran precisas, ha sido en vano.
La granada, más cargada que nunca, se acerca para encontrarme. Ha olido mi miedo pero desconoce el arma que tengo en mi poder, la más fuerte y preciada arma que este mundo ha puesto a disposición del hombre, la que muchos buscan y pocos encuentran.
Me pregunto si sabré utilizarla, si mi mano será lo suficiente fuerte para desenfundarla y si tendré el valor para herir.
El lunes me adentraré en el pueblo de los “Elasaj”…
Sueños extraños me despertaron en mitad de la noche de ayer. Yo era muy joven, todavía una niña y mi cuerpo se encontraba tumbado en una camilla, distinguía los azulejos blancos, los tubos y maquinas a las que mi cuerpo estaba conectado y a mi lado a Dave Mustain, también muy joven, de hecho un adolescente, con sus pelos largos y rubios, vistiendo una cazadora tejana llena de parches. Cogía con sus manos mi cabeza y me susurraba algo al oído, pero no recuerdo qué.
Me desperté ardiendo de la fiebre. ¿Qué hacía Mustain en mi sueño? – pensé. Lo del hospital tenía su lógica y hasta lo de la edad, pues estos días le he estado dando bastantes vueltas a este tema…
Esperé que el paracetamol hiciera efecto y que al día siguiente me encontrara mejor para la entrevista de trabajo que tenía que bordar, porque desde el primer momento supe que ese puesto era para mí.
Al día siguiente mi cabeza estaba ida, mi cuerpo débil y mis manos temblorosas. Antes de entrar por la puerta me repetí: tu puedes conseguirlo todo, todo lo que tu quieras, y entré a hacer la entrevista más perfecta de toda mi historia laboral. Por supuesto, me contrataron y no por tener los conocimientos que el puesto requiere, sino porque el jefe de recursos humanos me vio tan convencida que me dijo: – creo que eres una de las personas que cuando algo quieren, lo consiguen y eso es precisamente lo que buscamos. Nosotros te proporcionaremos la formación necesaria y tú deberás de poner lo demás.
De esta manera conseguí mi futuro trabajo, en el que empiezo la semana que viene. Pero hoy no solo he conseguido el puesto de trabajo que quería, sino que he aprendido una de las lecciones que más me va a servir en la vida: “querer es poder”.
Tratar de entender la lógica de los alemanes puede llegar a ser perjudicial para la salud hasta el punto de agotar tu paciencia y llevarte al borde de un ataque de nervios.
No siendo ya poco extraño el que los alemanes se sepan de memoria su número de tarjeta y que sea éste un requisito para poder bloquearla en caso de robo, más extraño me ha resultado el veredicto que me ha comunicado la compañía aseguradora por el robo de mi cámara, que resumo como sigue: “lamentablemente, el seguro por robo no le cubre en su caso ya que no estuvo suficientemente atenta a sus pertenencias y en consecuencia le robaron”.
Pues que sepa yo, los robos se cometen precisamente en algún momento de ausencia de atención, ya que es cuando el ladrón puede poner en práctica la acción de robar. Si el seguro por robo no cubre el hurto* ¿de qué clase de seguro se trata?
Para hacernos una mejor idea, imaginémonos que te entran a casa y te roban todas tus cosas de valor y este mismo seguro te dice “lamentándolo mucho, el seguro por robo que contrató para su hogar no le cubre ya que al haber salido usted de casa y al estar ésta sin vigilancia ha propiciado al ladrón el robo de sus pertenencias.”. ¡Absurdo! Pues no me voy a quedar impasible ante esta injusticia. Me quejaré y solicitaré que abran de nuevo el caso, consultaré con algún entendido en leyes y sobretodo en sentido común y si después de todo no consigo que el seguro me pague lo pactado en el contrato, al menos voy a aprender más alemán que el que he aprendido en todo el tiempo que llevo aquí viviendo.
* en la lengua alemana se puede definir tanto robo como hurto con la misma palabra: Diebstahl.
“Lo único malo de imaginar es que si tal momento se hiciera realidad, éste nunca llegaría a ser ni la mitad de bonito del que yo he dibujado en mi mente”.
Al fin, el esperado momento llegó y fue precisamente de la manera que nunca me hubiera imaginado. Fue sublime, inimaginable y lleno de magia. La realidad superó con creces la ficción y ese momento cambió el transcurso de los días futuros.
Conservo un nítido recuerdo de mi cuerpo flotando en la oscura agua salada y la música de arpa que sonaba desde el fondo de un mar improvisado. Si cierro los ojos, todavía puedo sentir sus suaves manos en mi cuerpo, la fuerza de sus abrazos y los miles de besos, los más dulces y delicados que nadie nunca antes me ha dado.
La noche se convirtió en pasión y más tarde en día. La melodía siguió sonando y nuestros cuerpos se amaron hasta querer morir, hasta que la pasión agotó nuestras fuerzas y el día trajo un sueño donde nos buscábamos y nos encontrábamos para seguir amándonos, hasta el día de hoy.
He encontrado sin buscar lo más bonito y delicado, y desde entonces vivo en un sueño del que no quiero despertar. Esta vez no tengo miedo a equivocarme, ni de que me deje o que le deje, pues he aprendido a esperarle sin prisa y sin prisa viviré cada instante que pase junto a él o sin él.
Judas era tesorero y robaba el dinero destinado a los pobres (Juan 12:6). Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose de un árbol. (Mateo 27:5).
***
La sinfonía de la destrucción me hizo caer del limbo musical al descubrir mi bolso abierto y vacío. ¡Otra puta vez! – pensé. Por suerte mi móvil, que estaba en un bolsillo interior, no lo habían robado, así que pude llamar para intentar bloquear mi tarjeta de crédito. Grata sorpresa cuando un contestador automático me solicita que diga el número de tarjeta que quiero bloquear. Cosa poco lógica ya si me han robado la tarjeta difícilmente puedo saber el número. La máquina al no haber registrado nada me preguntó si sabía el número, a lo que respondí NO, y el contestador finalizó la llamada diciendo que sin el número bancario o de la tarjeta no era posible bloquearla pi pi pi… Mi cara de asombro no tenía precio.
Quise corroborar lo que me había dicho la máquina con el personal de seguridad, quienes se extrañaron de que no supiera de memoria mi número de tarjeta de crédito. Pero si ni siquiera me se mi propio número de teléfono ¡cómo voy a pretender aprenderme el de la tarjeta de crédito! En medio de esa surrealista conversación donde me estaba cuestionando si todo esto era fruto de una broma pesada, uno de los policías apareció con mi cartera.
Todo menos mi dinero estaba intacto y ya una vez con la tarjeta en mi poder, volví a llamar al absurdo servicio de bloqueo de tarjetas de crédito, tecleé mi número de tarjeta y de esta manera pude bloquearla por robo.
La cámara de fotos la di por perdida y poco más pude hacer que deleitar mi rabia viendo el concierto que tantos meses había estado esperando: Judas Priest.
El recuerdo del pasado está siempre en el día a día. Cada cosa qeu he vivido se refleja de alguna manera en lo que soy y en la dirección en la que mis pies caminan. Una de las cosas que he aprendido en todo este tiempo es que la vida no es lineal sino circular y el final se encuentra muy próximo al punto de inicio.
Tengo un recuerdo tan vivo de ese año que pasé en Krems de Erasmus, que hasta se me hacer rara la idea de que de todo aquello hayan pasado más de 5 años. El año más idializado de mi vida z el que así quedará para siempre en mi recuerdo. Si cierro los ojos todavía hoy puedo ver claramente las calles de la pequeña Krems, la improvisada y precaria habitación en la fábrica, las conversaciones con Albert, Guilia, Martina… las noches locas en el Q-Stall. Recuerdo la nieve en invierno y el abrasante sol del verano, las risas y las lágrimas y más tarde el dolor de lo volátil.
Una vez de vuelta a la realidad de Barcelona, una persona que había vivido una situación similar a la mía, me hizo despertar de mi letargo de agonía diciéndome que no buscara más un mundo que no existía más que en mi mente. Krems había sido una ilusión, lejos de la realidad; un mundo ideal para quedarse por un tiempo pero no para siempre. Tenía que dejar atrás la añoranza de esos momentos pasados que nunca se volverían a repetir y aunque lo hicieran, jamás de igual forma o intensidad, ya que lo volátil de ese momento era el secreto de tal felicidad.
Fue entonces cuando dejé de llorar al tiempo pasado y di las gracias por haberlo vivido. Pretendí que el recuerdo y la experiencia formaran parte de mí y me dieran ideas para encaminar mi futuro.
Un tiempo más tarde me fui a Hanover. No buscaba nada parecido al mundo irreal sino todo lo contrario. Llegé a sentir la fea ciudad de Hanover como mía propia, porque la vivía como si la hubiera construido con mis manos. Al contrario que cuando caí por casualidad en el mundo irreal de Krems, un lugar y una situación regalada donde todo estaba preparado para ser consumido. Ese año en Hanover dejé de añorar con lágrimas en los ojos al mundo irreal, y la idolatría de esos nueve meses de Erasmus se convirtió en unos de los mejores recuerdos que voy a conservar siempre.
He conseguido convertir la pena que siento por dejar mi equipo, mi rutina, mis clientes y mi trabajo diario por rabia, la rabia más grande del mundo por tal falta de respeto ante mi persona, porque antes de ser un trabajador o un número de contrato soy una persona.
Durante este año y medio dos veces me han prometido un contrato que nunca vi, también me prometieron un ascenso en el que nunca creí pero tampoco descarté, nunca sucedió tal cosa, lo único que sucedió fue que rescindieran mi contrato anticipadamente cuando ya no necesitaban más mis servicios.
Hoy, en mi último día mi jefa me ha rogado que me quede unas semanas más para suplir la baja por enfermedad de mi compañera, que casualmente ha notificado hoy, y así no dejar el departamento sin atención.
Supongo que la sola expresión de mi cara dijo más que todas las palabras del mundo. Ni loca, ni muerta, ni harta de vino! Lo siento, demasiado tarde. Hay errores que son irreparables y las consecuencias de una determinada acción son irreversibles. Como ha dicho siempre mi madre “manos que no dais ¿qué esperáis?”.
Me voy con el corazón encogido pero la cabeza bien alta. ¡Adiós eBay! Bye ebay…