Por los que se quedan

En estas últimas semanas han llegado a mis oídos terribles historias de las muertes repentinas -curiosamente todas ellas debidas a un ataque al corazón, del conyugue de una persona conocida.

Ninguna de esas personas estaba ni avisada, ni preparada para ser vividora de tal tragedia. De repente, de un segundo al otro la pareja con la que se ha convivido, compartido, disfrutado, reñido y amado ya no está ni estará más. Imagino que el dolor que se siente ni siquiera es comparable al de una ruptura que siempre guarda un grano de esperanza de reparar lo quebrado. La muerte de un ser querido es irremediable e irreparable y lo único que resta es el vivo, el que se queda llorando y sufriendo los días vacíos y llenos de recuerdos. Vacío que costará llenar y recuerdos que no se olvidarán.

Y es al vivo al que le toca meter en la maleta la ropa del que ya no está y ya nunca se pondrá, cerrar la cuenta del banco y retirar el dinero que no le dio tiempo a gastar, o peor, pagar las deudas que no logró liquidar. Y cada cajón que se vacía, cada carpeta y cada caja llena de cosas que no nos pertenecieron ni nos atrevimos a registrar (o si) es como una profanación. Y tal vez uno quiera esperar y no deshacerse tan pronto de esas cosas y dejarlas donde siempre estuvieron y donde deben de estar, como tendría que estar el que se fue sin avisar, sin maleta, sin adiós, injustamente y sin razón.

El carisma que ni crece ni se hace

Esas personas que siempre han pasado desapercibidas, y no por causa de una intencionada discreción o timidez sino más bien porque la sociedad siempre les ha dado la espalda. Como si fueran invisibles y si nadie se percatara de su existencia ni a nadie le importara. Ya desde pequeños en la escuela, no eran ellos los que tenían un montón de amigos aduladores alrededor. Más bien jugaban solos y se preguntaban qué tendrá el otro que no tenga yo.

Y como la sociedad es competitiva y los perdedores están fuera de juego, ese “nadie” intenta ser alguien mejor, actuando a ser quien no puede, pues se puede copiar la forma de vestir, el peinado, pero no el carisma. El carisma ni crece, ni se aprende, ni se desarrolla. Si no viene de serie, más vale que nos olvidemos de hacer de ridículos líderes inaptos, ni esperemos ser el centro de atención solo con nuestra mera presencia. No tendremos éxitos profesionales inmerecidos, ni una cola de pretendientes ante nuestra casa. Los sábados nos quedaremos en casa si no somos nosotros quienes llamemos a alguien para salir y aún así muy probablemente nos seguiremos quedando en casa. Nadie nos echará de menos en esa fiesta a la que no hemos ido y nuestro nombre será otra vez confundido, nuestra cara siempre desconocida, aún para aquellos a los que conocemos.

Ese “nadie” deberá hacer muchos esfuerzos para tener amistades y conservarlas, deberá estudiar duro para ser competitivo laboralmente, y deberá rogar citas y ser muy pagafantas para interactuar con el sexo opuesto.

Hasta que un día ese “nadie” que sí que es alguien, se canse de copiar y de ridiculizarse y de no ser nadie más que un actor de otro nadie. Un día ese “nadie” será él mismo y a partir de ese día le lloverán amigos, ofertas laborales, citas… y todas ellas serán rechazadas.

Reset. Vida 0.1.

La vida pasa dejando atrás a aquellos que no quieren soltar su pasado y en él viven en perpetua cárcel. La vida pasa desapercibida, en silencio y sin dejar rastro para aquellos que viven en el futuro incierto de sus planificados deseos. La vida pasa sin pena ni gloria mientras se espera, porque siempre se espera algo, aunque como último sea la muerte.

Y mientras tanto uno se entretiene con cosas insulsas, mira la tele, mira al vecino, critica al compañero de trabajo, se enemista con su mejor amigo, se compra un nuevo coche, cambia de peinado, se compra una crema anti-arrugas; pues el tiempo que no pasa es el que deja más huella y se crece en esas reuniones o fiestas en las que todo el mundo aparenta más alto de lo que es.

Hasta un día que uno quiebra, quiebra con todo, con la infelicidad, pero sobre todo con la infidelidad de la propia mentira. Cuando ni el cambio de estilo, ni de peinado, ni de amigos o de trabajo basta, uno se va lejos a hacer otra vida, a pretender ser otro, como nacer de nuevo, resetear el sistema y empezar de 0.

Pero por muy vacía que uno lleve su maleta, uno no está nunca vacío de uno mismo y ese uno mismo se presenta un día, como reflejo en un espejo de lo que un día fue y no debió ser. O sí y no se aceptó y/o no se reparó.

Y mientras tanto la vida pasa con pena y sin gloria para aquellos que la sufren sin vivirla, para aquellos que la malgastan, para aquellos que la ignoran como si el hoy no hubiera pasado, borrando los días malos del calendario como se borraba la pizarra del colegio. Quién se acuerda de lo que escribió el profesor antes de borrar? Quién se acuerda de lo que fui antes de ser lo que soy? La vida, lo que pasa mientras no pretende pasar nada.

El dramático teatro de la vida

Y negar el perpetuo lastre de la vida al inconsciente de lo que ésta le depara. No solo la belleza sino también el desamor, el despecho, el descontento de lo que nunca pudo ser. Mis manos ayer blancas hoy son rojas. Están vacías pero pesan como si en ellas acarreara piedras.

Esta vez, como muchas otras, el guionista de la vida dio el rol a las personas equivocadas. Aunque nos aprendimos el papel, nunca pudimos sentir el personaje. Él sobreactuando y yo convirtiéndome un día en el papel y al otro el papel en mí. Nunca supe quien fui, si quería serlo o si realmente ya lo era. Entramos en un laberinto existencial, de dudas paredes altas como cipreses y con dos únicas salidas: seguir la obra o finalizarla prematuramente.

Pero faltó el valor y sobretodo el amor para seguir actuando a lo que no somos ni seremos. Faltó el valor para seguir leyendo el rol que el mal guionista nos tenía preparado. Faltó el amor para darle vida a lo que no se desea.

Y con pena y sin gloria avanzamos el último acto para correr un telón de tupidas lágrimas por todo lo que no iba a llegar, por la vida negada. Un acto final de personajes macabros, de desamor, de inmoralidad, de odio y de muerte.

 

I have done the deed!

My hands are of your color, but I shame to wear a heart so white.

 

The End.

Mal timing

Soy de la opinión que todo tiene un momento para suceder y nada sucede a voluntad de la nada. Mi vida ha estado llena de momentos de “mal timing”, sobretodo con una persona, y no solo sucedió una vez, sino dos, siendo esta última bien curiosa: yo viviendo ya en Berlín y de visita en Barcelona recibí un sms al móvil español de esta persona, con la que desde la última y fracasada vez, no había tenido contacto. Si en ese momento no hubiera estado en Barcelona nunca hubiera recibido ese sms y nunca nos hubiéramos encontrado, ni pasado la noche juntos, ni nada hubiera dolido tanto por no darse nuevamente el momento. https://daysofdarkness.wordpress.com/2008/03/20/sobre-las-casualidades/#comments

Por qué entonces fue enviado y recibido ese mensaje? Con qué ánimo esos juegos del destino? Se trataba de una prueba de amor para dejarlo todo y volver, o más bien de fortaleza para quedarme? O jugaba acaso el destino conmigo riéndose de mis dudas? Busqué respuestas en señales, pero no las encontré así que me quedé aquí convencida de que no tuvo que ser y no fue, o tal vez ninguno de los dos quiso que fuera.

Hoy hace unos meses empecé una relación con un chico y me di cuenta que después del trauma/luto de más de 2 años, ya estaba preparada para amar y entregar mi corazón limpio otra vez. Sentí que era el momento, que era mi timing, sentía el amor y quería amar, dar todo lo que tengo dentro y alimentarme de su amor y si no existía, nos lo inventariamos. El juego tuvo un corto fin, como era de esperar para novatos y tramposos jugadores.

El día que el juego se acabó, el destino puso otro jugador como paliativo del dolor en mi camino. Volví a pensar en el timing, en que esa persona había venido a mí en el momento perfecto- lo que ayer hubiera sido ignorado hoy es venerado. – para ser amado como no lo había merecido el primero. Me di otra vez, toda, entera, esperando recibir mi alimento.

A la mañana siguiente me fui a casa con sed y hambre y con la pregunta de por qué razón el destino se ríe de mí. Cuántos obstáculos más y cuan más altos? Va a ser la vida una constante carrera de obstáculos que a distancia parecen fáciles pero inalcanzables a medida que uno se acerca? Si es así… creo que no tengo más ganas de saltar…

Fin de curso y las asignaturas pendientes

Una año más, que cuando no hizo más que empezar ya se está despidiendo y avanzado otro nuevo. Es como cumplir años, cuando por fin asimilas el número que te toca decir cuando te preguntan la edad, éste deja de ser válido y te toca aprenderte otro o ponerte a restar muy rápido, claro que para eso también se ha de haber asimilado el número del año nuevo.

En estas fechas siempre se tiende a hacer un balance de lo que nos ha sucedido en estos últimos 365 días y darle una valoración, una nota para así cerrar y archivar la carpeta del 2015; curso superado y finalizado. En mis años de mala estudiante siempre iba a la recuperación de junio y también de septiembre, así que nunca podía cerrar ni archivar nada. Este año, como los de mi juventud escolar, iré a septiembre con un par de asignaturas pendientes. Por suerte no será ésta la más difícil de todas, la que elegí para inaugurar el año: esa que a medida que en ella me adentraba, más y peor se enredaba. Lo que a primeras se presentaba inocente e inocuo, se llegó a degenerar en una de las asignaturas más complicadas que este año me ha tocado aprender. Por suerte, (al saber le llaman suerte y la mía fue mejor que la que corrieron otros), y principalmente gracias a las trampas, la superé a la primera. Una vez un profesor me dijo que copiar en un examen podía ser tan válido como haberlo estudiado, pues la astucia de hacer trampas sin ser pillado es tan meritoria como el buen aprendizaje de la lección.

Si aprendí la lección o no me lo mostrará la vida en las asignaturas de los próximos años. Las lecciones que este corto cruso no me dejó tiempo para acabar, me las llevo al siguiente, donde seguiré creciendo personalmente, madurando al sol como la buena fruta, dejando que el corazón se ablande y esperando que aquél que tome la flor que rompa el celado capullo, la riegue cada día con su amor y dedicación.

Feliz fin del 2015 y que aquellos que podáis, cerréis la carpeta pero nunca vuestro corazón.

Ser o no ser alemana… cuestión de identidad

Una de las propuestas para el año que vine es solicitar la nacionalidad alemana. No porque me sienta alemana, ni orgullosa de este país. Una cosa tan lejos como de la otra. Alemana no me sentiré nunca, por más hábitos que en estos 8 anos haya adquirido; éstos deben de ser bien mínimos pues un alemán siempre me verá como una extranjera. Mi cara, mi pelo, mi forma de vestir y sobretodo mi manera de hablar y moverme. El acento es inevitable, o mejor dicho difícil de disimular. A esto se añaden errores gramaticales que llegado un punto son casi incorregibles. La lengua se ha de seguir aprendiendo cada día, incluso la materna, pero uno se “duerme” y se contenta con elogios poco sinceros o hipócritas. Y llega un momento en que uno se da cuenta que después de un cuarto de vida en un país extranjero todavía no se siente parte del mismo, ni de su gente, que el dominio del idioma todavía le queda lejos y se pregunta como tan rápido ha podido pasar el tiempo para que no le haya dado tiempo a aprender, a integrarse o a volver de donde llegó.

Yo no quiero volver. Soy española, esa es mi identidad, la que he mamado y con la que he crecido. De ella estoy orgullosa pero no de mi país, un país de pandereta del que cada vez me avergüenzo más y consecuentemente más me alegro no tener que sufrirlo. El día 20D votaré con la esperanza de que algo cambie, pues la esperanza, como el voto es lo único que tengo y lo que no puedo perder ni debo renunciar. Seguramente todo siga igual de mal o peor… me temo que no lo contrario. Entonces me “alegraré” como me alegré apretando los dientes de la rabia en las pasadas elecciones. Espero que en éstas no tenga que repetir eso de “os merecéis todo lo que os pase”, pues no es justo. Nadie se merece tanto mal.

Bien me debería dar igual porque no quiero volver y ese desarraigo solo me ayuda a enraizar en tierra fría y hostil, tierra que he ido labrando cada día durante 8 años, unos con más fuerza otros con menos. Y el día que tome esta nacionalidad que no he mamado pero con la que sí he crecido, intentaré estar orgullosa de un país, que lejos de ser ejemplar, ni siquiera un buen país, es el mío, el que yo elegí para seguir creciendo y los demás serán países extranjeros y que hagan lo que quieran, con o sin mí.